
Querido primo: me alegraré que al recibo de esta te encuentres bien en compañía de los tuyos. Yo por mi parte bien, al divino gracias.
Primo, te escribo esta y con la misma te mando unas ristras de morcillas y chorizos que he hecho yo, a la antigua usanza y con mis mesmas manos, que son de las que hoy en día ya no se hacen.
Primo, con el follón que están liando con el rey, la reina y toda su casta, no pude por menos que acordarme el otro día del tío Frasquito, que en paz descanse. Aunque tu eras mas chico, no se si te acordarás que después de darle el ictus y venirse de Adra, de donde en aquel entonces era guardamuelles del puerto, en sus periodos de recuperación, yo le acompañaba andando hasta el puerto y de camino visitar al “Pajarillo”, también guardamuelles, compañero y amigo suyo en otros tiempos de francachelas y correrías.
En el trayecto y como a mi siempre me han gustado las batallitas, leyendas y cuentos,
sean estos chinos o no, le tiraba de la lengua para que me contara alguno de sus episodios y mira tu que uno de los que mas me divertía era aquel en el que me narraba de cómo con 15 años fue “ayuda de cámara”, decía el, del rey Alfonso XIII; corría la fecha de 1931 y viajaba el monarca al exilio desde Cartagena a Marsella, en el crucero “Príncipe Alfonso” (mas tarde LIBERTAD y mas tarde aún GALICIA).
Transcurría la era Franco y como yo andaba por entonces imbuido de ser “una unidad de destino en lo universal”, recuerdo que le pregunté para que servía un rey. El tío Frasquito, monárquico hasta los tuétanos, pero también muy inteligente y consecuente con los tiempos que corrían, en tono trascendente me respondió, quiero recordar, algo así como:
-Pequeño saltamontes, nunca te olvides de lo que te voy a decir: un rey y una reina sirven al menos para jugar al ajedrez. ¡No como otros! Y también, nunca te olvides que tu tío Frasquito, aunque siempre ha sido un tapón, fue ayuda de cámara de su majestad D. Alfonso XIII.
Primo, yo creo que era el marinero encargado de limpiarle la mierda al camarote del rey, pero como se daba esas ínsulas, si el quería llamarlo “ayudante de cámara” que era como mas fino, no iba a ser yo quien desmereciera su cargo de “limpiamugre real” que a fin de cuentas esa era la función que tenía asignada y no nos llevemos a engaño.
Me contaba el tío Frasquito que nunca vio a un monarca mas abatido y triste pero que claro, eso era lo que le parecía a el, porque era el único monarca que había visto en su corta vida, y que solamente se reía o al menos esbozaba una sonrisa sin venir a cuento, cuando se encontraba con el, razón esta que empezó a ponerle la mosca detrás de la oreja. Fuera como fuese, siempre que se tropezaban y como estaba mandado, ejecutaba los saludos de rigor y el rey cada vez era mas locuaz en las caras de sorna que ponía, hasta le pareció que en una ocasión, si no hubiera sido por el protocolo, su majestad, me contaba, tuvo que hacer un sobre esfuerzo para no desternillarse de la risa.
Fue al final del viaje, casi llegando a Marsella, cuando el rey antes de desembarcar, tomó su caja de tabacos repujada con la corona y cogiendo unos cigarrillos los introdujo sin ceremonial pero no sin esfuerzo –había mas cigarrillos coronados- en el inmaculado bolsillo blanco de su camisa. El rey por unos segundos esbozo una, a esas alturas del viaje, nostálgica sonrisa.
Al fin el tío Frasquito descubría la causa de la hilaridad del rey. Los cigarrillos llevaban, ribeteando la boquilla, un anagrama –quiero recordar que dijo azul- con el escudo real, que se transparentaba perfectamente a través de la tela y esta pequeña ratería del jovencito, no pasó desapercibida a los lacónicos ojos de su majestad, encontrando en tan duros momentos, un motivo de jocosa evasión para los problemas de estado que atravesaba su corona.
Así pues, querido primo, en una familia totalmente republicana como la nuestra, también hemos tenido un garbanzo negro y además monárquico. Pero aun entendiendo que a los hombres, por sus imperfecciones, no podemos convertirlos en símbolos de nada, que para eso están las leyendas como Zarra y Quincoces, y mucho menos en divinos e intocables símbolos institucionales, no me gusta ni me ha gustado nunca esta nueva moda que resurge de la cremación, salvo en difuntos y en queimadas de buena caña gallega. Las purificaciones por el fuego, nos cuenta la historia, que siempre fueron desacertadas y presagio de violencias y desastres, en ocasiones en si mismas. Los intelectuales, de la tendencia que sean y en los tiempos que corren, deben de estar a la altura de lo exigible, porque al fin y al cabo como escribió D. Rafael Borrás Betriu “hay un hecho que subsiste: el que unas simples elecciones municipales, celebradas el 12 de abril de 1931, dos días después dan paso a la caída de la monarquía y a la proclamación pacífica y alborozada de la Segunda República, sin que en defensa de la Institución intervenga ni un solo piquete de alabarderos”.
Querido primo, en esta nuestra incorregible España, aún y últimamente con más fuerza, ¡miedo me da!, todavía subsisten los ecos de nuestra eterna cantinela:
La señorita linda,
Pollita pera,
Votará por el lindo
Primo Rivera.
Mientras por Don Francisco
Y otros señores
Votaran los obreros
De Embajadores.
Un beso primo.
ALGUNOS IRREVERENTES DETALLES QUE SE PUEDEN ENCONTRAR EN LA RED:
-(El secuestro de esta portada solo sirvió para que fuéramos el cachondeo de medio mundo)
-"COSAS QUE LE PASAN A CUALQUIER CRISTIANA" -¿HIMNO DE ESPAÑA? ME PREGUNTO COMO QUEDARÍA FUSIONANDOLO CON UN POQUITO DE FLAMENQUITO.